El papel del público prosumidor en el periodismo transmedia

Como ya se ha esbozado al definir qué son las narrativas transmedia y el periodismo transmedia, la intervención del público es una característica esencial de ambos, que los diferencia de otro tipo de narrativas como la multimedia o la hipermedia.

La interactividad del usuario de Internet puede ser de 3 tipos según explica Ramón Salaverría (2013) en este vídeo:

  • Interactividad de selección: posibilidad del usuario de elegir cuál es el tipo de contenido que quiere consumir. Ya existía cuando podíamos elegir el canal de televisión.
  • Interactividad de negociación: un paso más de la interactividad de selección. El usuario crea su propio itinerario de lectura, el camino narrativo que va a seguir. Libros como Rayuela de Cortázar ya permitían cierta interactividad de negociación.
  • Interactividad de participación: la que ha incorporado Internet. Los usuarios ya no sólo eligen lo que consumen ni el camino sino que conversan con otros usuarios de la red.

A estas tres habría que añadir una cuarta posibilidad que es la de la inmersión del usuario en el contenido por medio de tecnologías como los videojuegos, la realidad virtual… que actualmente son algunas de las herramientas más usadas en las narrativas transmedia. Así lo explica Irala: “se trata de una nueva forma de hacer periodismo, que busca la conexión y la connivencia del lector, así como la mayor inmersión posible en la historia” (2014, p. 151).

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La inmersión del usuario es cada vez mayor. Fuente de la fotografía: 360stories

Puede existir cierta interacción en contenidos periodísticos en Internet que no sean transmedia, pues cada usuario elige qué noticias consumir y crea su relato gracias a los hipervínculos que tiene el texto. Incluso pueden comentar las noticias en las propias páginas webs con otros usuarios. Sin embargo, la interactividad en el periodismo transmedia va mucho más allá: el usuario se convierte en prosumidor (productor más consumidor) de la propia historia. Esto se debe sobre todo a la aparición de nuevas tecnologías que permiten una implicación real del usuario en la producción y extensión de los contenidos.

Irigay (2018), recogiendo la teoría del canadiense Cloutier, indica que existe otro modelo aparte del de el prosumidor: el emirec. La diferencia con el prosumidor,  es que mientras que este trabaja de forma gratuita para el mercado reproduciendo el modelo político, comunicacional y económico existente, el emirec puede introducir discursos críticos que cuestionen el sistema, comunicando con libertad. Aunque sin duda este término contiene unas connotaciones interesantes, el uso de la palabra prosumidor es el que está más extendido entre los teóricos de la comunicación.

La participación del usuario prosumidor es importante de diferentes maneras para un relato periodístico transmedia: el productor debe tener en mente al usuario a la hora de elegir los contenidos, el usuario tiene capacidad de elegir lo que lee, capacidad de interactuar por las redes sociales y capacidad de crear gracias a las nuevas tecnologías (periodismo ciudadano).

Ya que el papel del usuario es tan importante dicen Flores y Porto (2012, p.99) que habrá que tener en cuenta los intereses de los mismos a la hora de definir un tema. Por ejemplo, el periódico The Guardian ha intentado abrir la agenda de temas a las sugerencias de los lectores y ellos mismos lo han calificado como “experimento de apertura de la cobertura de noticias” (Campalans y Gosciola, 2013, p.46). Algo similar defiende Moloney (2011-2018b) cuando dice que hay que buscar al público, conectar con él y llamar su atención para que comparta, interactúe y contribuya. Si el público se hace “fan” de la historia buscará más información. Añade Moloney que es importante no impedir que vayan a buscar informaciones también a otros medios porque eso puede hacer que en el futuro vuelvan al tuyo.

Efectivamente si se quiere motivar la participación de los receptores y convertirlos en prosumidores, habrá que saber qué clase de temas les interesan y en los que están dispuestos a crear contenido y generar discusión con otros. De hecho, el periodismo transmedia busca, entre otras cosas, la fidelización de la audiencia. Dicen Rodríguez y Peñamarín (2014) que las narraciones transmedia “recuperan y potencian la implicación y la participación, la sensación de comunidad” (citado por Robledo-Dioses, 2016, p.91). Miguel Ángel Ossorio cree que atraer al público a la participación es clave para que deje de ser un ente pasivo:

En cuanto a la capacidad de selección por parte del usuario, en parte se debe a una característica principal del transmedia: cada una de las partes del relato puede leerse de forma independiente. Esto es esencial de cara al receptor porque de esta manera podrá elegir por dónde comenzar y cuándo dejará de leer. Eligiendo las partes que va a consumir el usuario ya está construyendo su propia narrativa, que será distinta a la que consuma otro. Si para entender el mensaje tuviese que leer todas sus partes, el receptor no estaría contribuyendo a la narrativa ya que todo el mundo recibiría la misma información.

Esencial también en este periodismo transmedia es la circulación en redes sociales, muy amplia, y que permite que otros lectores descubran una publicación a través de éstas (Flores y Porto, 2012, p. 102). Ya no se trata sólo de que el usuario cree y comente, se difunda un contenido y se verifique o se desmienta sino que, aunque un productor no haya planificado un contenido como transmedia, “un hecho o una noticia pueden transmedializarse por la acción de los actores del ecosistema informativo, dando notoriedad a un hecho a través de las redes” (Martínez y Torrado, 2017, p. 150). En este sentido distingue Scolari dos tipos de transmedia: el estratégico, es decir planificado; y el táctico, no planificado pero en el que la historia se expande gracias al entorno favorable del ecosistema mediático (citado por Rodríguez y Torrado, 2017, p.152).

Muy en relación con el periodismo transmedia está el periodismo ciudadano, aquel en el que la sociedad se convierte en medio de comunicación y se encarga de transmitir los hechos conforme ocurren.

Dice Irala (2014, p.155) que el periodismo transmedia “aumenta exponencialmente la democratización de la información que ya no está intervenida por medios verticales sino que se expande sin control institucional”. Esto se debe como indica Villaplana (2017, p. 193) a la “democratización de las herramientas de producción mediante el uso de dispositivos móviles y tablets para editar y difundir vídeo grabado o producido en live. Las herramientas de creación hoy en día ya están en manos de casi todo el mundo que, con un mínimo conocimiento, puede crear contenidos de todo tipo y compartirlos de forma rápida y gratuita por la red. Dicen Renó y Ruiz que el periodista ya no es el dueño de la noticia. De hecho, los ciudadanos no sólo crean los contenidos y los cuelgan en la red sino que “los periodistas están utilizando las informaciones producidas por los prosumidores para reconstruir informaciones” (2012, p. 57).

Como indica Moloney (2011-2018d) la participación del público soluciona uno de los problemas que tiene el periodismo: la falta de personal y medios técnicos para hacer un seguimiento de la noticia. Por ejemplo, durante las elecciones catalanas del 27 de septiembre de 2015, numerosos prosumidores generaron contenidos de vídeo, imagen o texto en las redes sociales antes, durante y después de la jornada electoral. Incluso un grupo de ciudadanos generó apps para hacer un seguimiento del acontecimiento (Zarate, citado por Robledo-Dioses, 2016, p.93).

Así pues, como dice Prada (2015): “el modelo de negocio de la web 2.0 ya no se orienta a la puesta a disposición de los usuarios de contenidos específicos, sino a gestionar los que son proporcionados por ellos mismos” (citado por Villaplana, 2017, p.193). En el transmedia el usuario no sólo elige o se sumerge sino que además puede crear contenidos que vean el resto de usuarios de la red. Estos contenidos ya no están controlados por los gobiernos y grandes empresas sino que son libremente compartidos por Internet.

¿Qué hace entonces el creador/periodista en este nuevo modelo en el que destaca el papel del prosumidor? Ruiz indica que el creador:

“lidera un plan de producción, donde no sólo se busca la atención de los usuarios, sino también la acción de unos prosumidores que enriquecen, completan transforman y expanden el proyecto […] [El creador] se convierte en un impulsor y motivador de contenidos, ya que depende de la respuesta creativa de los espectadores.” (2013, p. 174).

Podemos concluir diciendo que por esta intervención del prosumidor se dice que una narrativa transmedia nunca termina, ya que en cualquier momento un usuario la puede descubrir y seguir generando contenido, debate, etc. Como dicen Bergero, Bernardi y Rost (2016):

“es un trabajo que no termina, en la medida en que se abre a la participación activa de la gente. Pueden desaparecer de la vista en algunos momentos pero reaparecer a partir de nuevos datos, testimonios, acciones, ideas tanto de sus creadores como de la gente” (p. 216).

Aunque los autores aquí se refieren al documental transmedia, en realidad se puede aplicar a cualquier producto periodístico transmedia.

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